miércoles, 25 de marzo de 2009

enajenacion post muerte

Tensa las sienes contra la ventana
las luces se estrellan en sus ojos de espuma
el frio condensa el aliento ausente
que a fuerza de deseos se va entumiendo
hasta morirse en un suspiro.

Ha muerto!, nadie le ha dicho, él lo ha confirmado
no tiene monedas sobre sus ojos abiertos
ni algodones blancos cuelgan de sus fosas nasales
respira ignorando que no es aire lo que queda en su garganta
olvidó pestañear un poco al ardor de sus ojos

Los ataudes son baratos por docena en estos días
y las docenas son tan pocas para estos tiempos
cuando lo que muere olvida como hacerlo
y los que viven se prefieren muertos, con muecas sorientes;
antes que vivos y anajenados.

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