martes, 10 de noviembre de 2009

Mejengas incovenientes

Mi vida resulta, desde niña, un legado de ironías. Apuesto que si Dios tuviera la capacidad de sonreír, lo haría muy frecuentemente conmigo, ante las terribles y despiadadas bromas que me hace a diario. Por que claro está, Dios existe, pero poco le importamos.

Hablemos un poco de mi naturaleza innata. Son inquisidora, terriblemente desconfiada, voluntariosa (jamás voluntarista), con mal genio, y mucho carácter (también el lustre de huevo con limón, no me mal entiendan). Pero sobre todo, basta que yo lea un letrero de “no pisar el césped” como para que quiera desesperadamente jugar fútbol (cosa que en circunstancias normales no haría).

La cosa es, queridos contertulios, que el día que decidí finalmente ponerme a dieta, por razones que ni a ustedes ni a mi interesan en este momento, una famosa heladería bajo el precio de las bananas split y la rosticería de la esquina, cuyo olor regularmente me provoca vomitar, hoy es, damas y caballeros, una pizzería! UNA PIZZERÍA!!!!

Ante tan terribles acontecimientos, me he puesto a pensar. Tiendo naturalmente a romper las normas, o EL MUNDO ENTERO CONFUABULA POR QUE LAS ROMPA? (aaa no esa frase es de cohelo), lo cierto es que la ironía se magnifica, se hace material, se derrite como la mantequilla en una tortilla caliente, recién asada (perdón la analogía, es que tengo hambre, con esto de la dieta), en mi vida, e históricamente estas ironías han alimentado mi cabeza, mi vida, las historias que les cuento a mis amantes para llevarlos a la cama y ahora este triste blog.

Muchas cosas nuevas pasan actualmente en mi vida. La convivencia con mi futuro marido, el ingresar a una segunda carrera que nada tiene que ver con la primera, la construcción de mi casa, y la dieta! Y cuando todo parece ponerse cuesta arriba solo recuerdo, sino me permiten pisar en el césped, qué mejor motivo para jugar una mejenga?

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